PARA MI AMOR FABRIZIO DE MIRELLA:
La noche se tiñó de índigo mientras un esbozo de Luna aparecía,
lentamente, la noche azul terminó de cubrir todo el firmamento.
Después, un hechizo misterioso convirtió al esbozo en Plenilunio
y súbitamente, un viento fresco a otro mundo nos transportó.
Acogidos en los brazos del viento llegamos hasta aquel lugar,
extraño espacio y apacible, dibujado con pincelazos luminosos.
Tomada de tu mano, contigo descubrí las verdades ocultas,
y dimos nombres nuevos a las cosas definidas por el Hombre.
En esa noche azul, la lluvia endulzó el agua salada de los mares,
todo comenzó a cambiar, los prados se iluminaron de púrpura.
Las flores retoñaron en diminutas estrellas que pendían del cielo
y rápidamente, los árboles abrieron sus ramas en forma circular.
Mientras nuestros cuerpos eran ungidos con polvo de estrellas,
nuestras almas eran desprendidas gritando en silencio su libertad.
Me aferré tanto a ti y a tu mirada cuando tu calor me abrazó
y abrazada de ti, aprendí a amarte y desearte como a nadie.
Sobre tus brazos y tus piernas se quedó grabado mi nombre
y en tus manos dejé la esencia etérea de mi cuerpo y alma.
Mis caricias se tatuaron recorriendo de principio a fin tu piel
y mis besos se fundieron tiernamente por todo tu cuerpo.
El aroma de tu cabello se impregnó en lo más profundo de mi ser,
haciéndome adicta al sabor de tus besos y al olor de tu cuerpo.
Tus misterios recónditos me envolvieron en una nube de ensueño,
dejando a mi oídos enamorados de tu verbo y tu voz excitante.
Hermosa noche azul cuando derramé mis ganas de placer en ti,
mientras me bebía la pasión que desbordaba el lago de tus ojos.
Solo dos corazones deseando que esa entrega nunca terminara,
dos cuerpos interconectados que se perdieron en esa noche azul.